Aunque en los conciertos de Llorenç Barber siempre me quedo con ganas de oir mejor la obra en su conjunto y me suelo irritar con la logorrea de la gran mayoría de los asistentes, anoche (¡y qué noche!) disfruté mucho con los sonidos, las luces y la gente. Ideas que me parecieron geniales: los trombones en descapotables antiguos; los coros de voces y sus glissandos imitando el tráfico; las rodaduras sutiles y veloces de los skaters y ciclistas, también los clinc-clonc de maleteros y puertas abriéndose y cerrándose... La intervención de ambulancias, basureros, bomberos y policía, cada uno con su asistente cronometrador al lado, era oportuna y divertida; los tambores, siembre eficaces, y los fuegos artificiales, preciosos.
En uno de los momentos culminantes, un tutti estruendoso y humeante, me imaginé durante un instante Murcia en guerra y me emocioné sólo de pensar que estábamos viviendo lo opuesto: ruido y humo para una juerga musical nocturna de libre y amplia participación donde, si había algún combate, era contra el crecimiento incontrolado del tráfico. Y el debate, aún abierto, sobre la censura artística. Ambas luchas podremos mantenerlas a la vez que nos divertimos. Gracias a todos los músicos por su esfuerzo. ¡Viva la Murcia contempomediterránea!
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