El estruendo de la banda seguía, y para mi eran inaudibles las notas de la quena. Tuve que llegar a casa para poder escuchar la melodía que era enmascarada por los potentes parlantes del escenario.
Luis Roncagliolo citaba...:
"...Los fuegos artificiales habían cesado. El baile se reanudó entre vítores, aplausos y canciones. Era una noche espléndida. Levantando su violín lo encajó contra su mandíbula y empezó a tocar para nadie, en medio del estruendo. Para nadie. Y tuvo la certeza de que nunca lo había hecho mejor." (Ribeyro - Silvio en el Rosedal)
Batirse contra los decibeles, y hacer sonar el espiritu, pequeñas ondas sonoras, vibraciones de un alma solitaria que acompaña el estruendo.
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