Estos artistas son representativos de una nueva categoría de la Escuela Yi, el «maximalismo», surgido a finales de la década de 1990.
Aunque el maximalismo presenta exteriormente el aspecto del minimalismo occidental, sus propósitos conceptuales son distintos. No se interesa tanto por el significado que pueden expresar las obras sino que, por el contrario, dedica más atención al proceso de producción de las obras de arte como experiencias de contextualización. Cada artista utiliza alguna forma concreta y la va repitiendo, como una rutina cotidiana.
En este sentido, los cuadrados y las franjas que aparecen en estas pinturas se consideran el contexto o la representación de un «entorno mental» que actúa como un diálogo entre los artistas y los materiales o entre aquéllos y el ambiente en que viven. Se trata de experiencia y comprensión al mismo tiempo. La filosofía basada en expresar experiencias y pensamientos cotidianos de forma sencilla está arraigada en la estética tradicional china. El propio maximalismo es una forma de resistencia contra muchos años de ideología artística china y de normas establecidas desde la perspectiva del mercado internacional y de las instituciones artísticas. Podemos afirmar que el maximalismo de finales de los noventa fue un «espejo» de la meditación individual silenciosa, inmersa en las circunstancias del estallido de la globalización en China.
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