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La jirafa que de pronto comprendió que todo es relativo

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Uploaded by on May 5, 2011

Animación "experimental" sobre una fabula de el escritor hispano Augusto Monterroso.
Universidad del Valle 2011

...Con humildad espero que Monterroso no se este revolcando en su tumba por mi culpa...


texto completo:

LA JIRAFA QUE DE PRONTO COMPRENDIÓ
QUE TODO ES RELATIVO

Hace mucho tiempo, en un país lejano, vivía una Jirafa de
estatura regular pero tan descuidada que una vez se salió de
la Selva y se perdió.
Desorientada como siempre, se puso a caminar a tontas
y a locas de aquí para allá, y por más que se agachaba para
encontrar el camino no lo encontraba.
Así, deambulado, llegó a un desfiladero donde en ese
momento tenía lugar una gran batalla.
A pesar de que las bajas eran cuantiosas por ambos bandos,
ninguno estaba dispuesto a ceder un milímetro de terreno.
Los generales arengaban a sus tropas con las espadas en
alto, al mismo tiempo que la nieve se teñía de púrpura
con la sangre de los heridos.
Entre el humo y el estrépito de los cañones se veía desplomarse
a los muertos de uno y otro ejército, con tiempo
apenas para encomendar su alma al diablo, pero los sobrevivientes
continuaban disparando con entusiasmo hasta que
a ellos también les tocaba y caían con un gesto estúpido
pero que en su caída consideraban que la Historia iba a recoger
como heroico, pues morían por defender su bandera;
y efectivamente la Historia recogía esos gestos como heroicos,
tanto la Historia que recogía los gestos del uno,
como la que recogía los gestos del otro, ya que cada lado escribía
su propia historia; así, Wellington era un héroe para los ingleses
y Napoleón era un héroe para los franceses.
A todo esto, la Jirafa siguió caminando, hasta que llegó a
una parte del desfiladero en que estaba montado un enorme Cañón,
que en ese preciso instante hizo un disparo exactamente unos veinte
centímetros arriba de su cabeza, más o menos.
Al ver pasar la bala tan cerca, y mientras seguía con la vista
su trayectoria, la Jirafa pensó:
«Qué bueno que no soy tan alta, pues si mi cuello midiera treinta
centímetros más esa bala me habría volado la cabeza; o bien,
qué bueno que esta parte del desfiladero en que está el Cañón
no es tan baja, pues si midiera treinta centímetros menos la bala
también me habría volado la cabeza. Ahora comprendo que todo es relativo.»

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