La escena pertenece al final de «Como en un espejo», de I. Bergman, 1961. El título de la película es cita de 1Cor 13,12 («ahora vemos como en un espejo, oscuramente...»), y toda la obra borda esa afirmación, de lo que no se muestra pero algo revela.
Karin, la protagonista, tiene una enfermedad mental incurable; a la vez, oye «voces» que le hablan de una revelación divina que está por producirse; ella distingue entre los productos de su enfermedad y las voces, sin embargo, bien pueden ser lo mismo, o no. Nada de eso se nos aclara ni necesita ser aclarado.
Minus, el hermano menor, está saliendo de la adolescencia, en los 19 años. Karin tiene una crisis en un barco abandonado en la playa, y él la asiste y algo (no sabemos qué) ocurre allí. Ella indica que eso que ocurrió lo hizo por orden de las voces, él dirá que la realidad se le quebró en el barco. Quizás algo incestuoso, podría ser, pero no lo sabemos a ciencia cierta, y -nuevamente- no es relevante saberlo.
El padre tiene una relación distante con los hijos: le reprochan, y él siente, no «estar allí».
Sin embargo, en este momento decisisvo, es capaz de decir una palabra que reconduzca de nuevo el quiebre de la realidad. Esa palabra es salvadora para Minus, pero es a la vez una percepción que puede ser «salvadora» para cualquiera que la escuche.
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