CUANDO LA LUCHA SE CONVIERTE EN BAILE

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Uploaded by on Aug 27, 2008

Artículo del Domingo 3 de Agosto del 2008, del DIARIO INDEPENDIENTE DE SONORA "EL IMPARCIAL", relato de lo sucedido el día 23 de Julio del 2008 en Hermosillo Sonora, en una función de Lucha Libre AAA. Se menciona al vendedor de cerveza que aparece en este video.

CUANDO LA LUCHA SE CONVIERTE EN BAILE:
Bailar otra vez será la defensa contra la realidad. Siempre bailar

Por Carlos Sánchez

De baja estatura, con ojos que intentan comerse la vida de un solo tajo. El delantal donde guarda las monedas para el cambio sirve de atuendo: Similitud de faldas en una colegiala.
La lucha por la vida inicia. De dos a tres caídas es la consigna, la regla, y a su vez metáfora de las vicisitudes de los días todos.
Vende cervezas y se divierte. Contagia la música su cuerpo que ya obedece las notas y los hombros en un temblor perfecto mientras su rostro se llena de sonrisa.
Tiene como estilo para la venta el divertimiento. Malabarea con los vasos mientras desde su voz se escucha la oferta: Cheve, cheve, cheve. Acompaña con el grito el pasito lento que baja su cuerpo hasta casi tocar el suelo.

Destroyer acaricia con su rostro el aire, vuela desde la tercera cuerda, impacta su cuerpo contra el Chapulín Colorado, ambos ruedan por el concreto, entre las sillas y los pies de los fanáticos. Es la primera función y ya los luchadores aprovechan la posibilidad de sus pocos minutos de fama.
Las mejores piruetas, el grito implacable hacia las gradas intentando encontrar complicidad. Los cuerpos imberbes tiene el ansia de exponerse, de explotar ante el público lo aprendido durante la semana de entrenamiento, optimizar el reflector, decirles que sí a todos que no son muchos pidiendo autógrafos, exigiendo una fotografía a su lado, estrechando las manos, surgiéndoles el castigo otra vez para su rival otra vez.
En esta primera lucha se estrena la función, y el humor involuntario, porque al Chapulín le sobran pantalones, es literal, se dibuja en el trasero una bolsa de aire simulando un pañal, los espectadores aprovechan la imagen para mofarse del luchadorcito, lo acusan de zurrarse de miedo, se burlan de sus ganas de hacer reír y le critican lo escuálido de su cuerpo, pero lo ven feliz, corriendo hacia los camerinos, con la sonrisa de triunfo, aunque haya perdido la pelea, estar en los ojos de los espectadores es su victoria, su placer.

El baile es ahora intermitente. Un paso, dos. El bailador no cesa en su oficio que es la venta de cerveza. Gira sobre el encordado, su melena es la identificación inmediata para sus clientes, el chiflido, una vía de comunicación.
La alegría está en su cuerpo, celebra el negocio, la tristeza está en la mirada, en ella se concentra la realidad de lo que deja en casa, de la existencia de quienes le esperan. Divertirse en trabajar, es construir un estilo de protección, un escudo también para la adversidad, una realidad para exhibir las preferencias escondidas, tumbar las compuertas de la contención del deseo.
El devaneo es la ganancia más efectiva, las monedas un paliativo para la manutención en el hogar. Bailar es un estilo para el comercio, bailar es un contagio paradójico en la alegría que también se llama lucha libre.

Vienen los payasos que son Psicos, Circus. Dice el Calín (mi hijo), que esos luchadores se llevan a los niños, que a veces los meten en un saco. Eso le da miedo. Por eso se esconde en la tercera fila, lejos de las garras de los enmascarados.
Y son los ojos del Calín dos esferas a punto de estallar de emoción. Ver al Dark Mocho que es el Cota rodando por el cemento, lleno de pies y puños en su cuerpo, quejándose del dolor, allí en lo inmediato, verlos a ellos vestidos ganándose la vida, jugando a la violencia, es uno de los sueños hechos realidad en mi hijo.
El Mocho Cota es una institución en la lucha libre, sus años en el ring le han dado la posibilidad de reconocimiento. El Mocho Cota alcanza ya los sesenta, pero tiene ganas de volar, de ver los flashes contra su rostro, de firmar autógrafos y posar al lado de sus seguidores. Al luchador le gusta ejercer también el poder, y lo hace ante el jovencito que lo increpa y le dice que la lucha la perdió de manera legal. El mocho Cota tiene varios hijos que le siguen sus pasos, que hace rato lucharon, que también llenaron de risa la arena del Expo Fórum. El Mocho Cota tiene completo el oficio, y en su mano faltan dedos para contar las hazañas vividas en la lucha.

Continuará...

Ver video
CUANDO LA LUCHA SE CONVIERTE EN BAILE 2
http://www.youtube.com/watch?v=lt78fR4Qb08

Aparecen los luchadores entrando a la escena.

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