Durante la Guerra del Golfo de 1991, la administración de George Bush con Dick Cheney como Secretario de Defensa, ordenó ataques deliberados contra instalaciones petrolíferos iraquíes y buques petroleros provocando con dichos ataques entre un 20% y un 30% de todo el crudo derramado durante el conflicto.
Los medios de comunicación occidentales culparon rápidamente de todo el desastre a los iraquíes e incluso cuando el escándalo fué expuesto por entre otros, William Arkin (ex miembro de los Servicios de Inteligencia Militar de EEUU), los medios no divulgaron la noticia y hasta el día de hoy no han vuelto a mostrar mayor interés.
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