En la pintoresca Guadalajara, provincia de la España mesetaria, se ubica un recoleto monasterio de clausura cisterciense desde el año 1246, que sigue la Regla benedictina "ora et labora". Humildad en los planteamientos ante la vida, austeridad en las formas y medios, y alegría sencilla y clara, toda una floresta en medio del desierto mundano. La salmodia y las tonalidades litúrgicas llevan el ritmo pausado de lo profundo, con el tañir de las campanas a la hora de las Completas. La sonoridad del agua que cae, la mirada angelical de un gato, la grita de la pájara rafagueante de la campiña, el aroma de espliegos y lavandas, la refulgencia de unos pliegos abiertos sobre el lomo de un añoso códice y la leve brisa del campo sobre el rostro, hacen de estos instantes verdaderos brotes de vida, donde la racionalidad deja de ser ubícua y el ser propio de la naturaleza humana todo lo inunda. Nada falta, sólo eso basta.
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