Un grupo familiar en la la localidad de Vilcún formaba parte de una secta religiosa que consistía en adorar a una niña de 11 años que supuestamente tenía dones especiales con los que se comunicaba en el más allá. Los hallanamientos habrian sido posibles gracias al antecedente de que la niña no habría asistido al colegio ya hace dos años. Esta familia, al interior de su casa mantenía una especie de santuario donde se decomisaron también armas de fuego, múltiples películas religiosas y ropa de camuflaje (militar) que según las hipótesis declaradas por la PDI "se estaban preparando para el fin del mundo".
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