El canto de las montañas: del castillo fantástico a la sala de conciertos.
A lo largo de los siglos son muchos los compositores que han recurrido a la naturaleza como manantial de inspiración o protagonista de sus creaciones musicales. Sin embargo, en el caso de Béla Bartók (1881-1945) esta relación se intensifica, el interés se convierte en pasión, el gusto en necesidad. Aunque forma parte de esa faceta íntima que el propio músico procuró preservar de las miradas curiosas, hoy sabemos que Bartók acostumbraba a observar las estrellas en las noches claras, coleccionaba insectos, plantas y minerales, realizaba visitas periódicas al zoológico, daba caminatas regulares y, ocasionalmente, emprendía largas excursiones por las montañas. Sólo tras el exilio se alejó definitivamente de la vida en el campo para trasladarse a la hostil atmósfera urbana de Nueva York. Por ello, ese contacto con la naturaleza que para otros músicos supuso una influencia accidental, llegó en cambio a determinar el lenguaje compositivo de Béla Bartók.
Más información en la web de la Orquesta y Coro Nacionales de España
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