Ya desde mayo me sabía caminante
por trillo que entre árboles va de Torii a riachuelo.
Sabía desde entonces que allá, al final, iba a montar un puente de madera entretejida,
que cruzaría el riachuelo (al otro lado).
Oía desde entonces el murmullo de las aguas (esperaba paz), y me era como una pausa.
Hoy, ente el vuelo de las hojas de este otoño, he salido a dar mis pasos a ese trillo de hojas caídas y hojas cayendo,
desde la invitación de peurtas abiertas (Torii)
hasta el fondo mismo del patio
fui a escuchar el murmullo del riachuelo,
a ver las aguas,
a cruzar el puente (entrelazado)
hacia el otro lado.
9:58 p.m.
12 de octubre, 2010
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