Puntos a analizar:
1. La pecaminosidad del hombre
2. Muertos siguiendo a la muerte.
3. La incompatibilidad de la nueva naturaleza en Cristo y la naturaleza pecadora.
4. La elección de Dios y nuestra imposibilidad de pedir la salvación.
Una persona que está en la muerte espiritual, sólo puede vivir si Dios la hace vivir. El punto aquí es que nadie muerto espiritualmente, tiene la habilidad ni siquiera mínima, de poder dirigirse a Dios para pedir su intervención: "Y sabemos que Dios no oye a los pecadores..." (Jn. 9: 31)
Por lo tanto, esa vida en la persona del muerto, es impartida conforme a la sola y absolutamente unilateral obra de Dios, conforme a su soberana voluntad, conforme a su propósito eterno.
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