El año era 1993 y el torneo era la Supercopa, desaparecido certamen continental que enfrentaba por entonces a los campeones de la Libertadores. El Peñarol de Gregorio Pérez se medía con el Gremio de Porto Alegre en el partido de vuelta, con la esperanza que significaba para los aurinegros haber ganado en el Centenario 1 a 0 por la priemra fase.
El partido de vuelta, jugado en Porto Alegre, fue más parecido a un evento de lucha grecorromana que a otra cosa. Fue como la carnicería de Los Balcanes, como un picadito jugado entre reclusos del Penal de Libertad o el equivalente futbolístico del Valhalla. Dicho en cristiano: los jugadores de Peñarol y Gremio se mataron a patadas como si no existiera el mañana, como si a la noche las heridas se fueran a regenerar para seguir las trompadas al día siguiente frescos como una lechuga.
Hubo ocho expulsados en el encuentro, que fue levantando temperatura debido a una conducción arbitral bastante errática. 7 contra 7, el Gremio ganaba 2 a 0 y se clasificaba, por lo que los aurinegros se jugaron todo al final. Cuando todo pintaba para que hubiera seis o siete minutos de descuento, el partido se terminó poco después de los '90, dejando a Peñarol eliminado y con una temperatura capaz de hacer volar el mercurio por las nubes.
Todos los futbolistas aurinegros se acercaron a recriminar al juez por los pocos minutos de descuento, furiosos pero sin llegar a la agresión física. En ese momento se produjo lo que nadie esperaba. Mientras los futbolistas de Gremio se retiraban silbando bajito y festejando la clasificación, los granaderos brasileños entraron para alejar a los futbolistas de Peñarol del juez. Era la gota de calentura que faltaba. Discusión va, discusión viene, y sin que se sepa bien cómo, se inició una batalla campal entre Peñarol y la policía.
Los contendientes se desperdigaron por la cancha pero ofrecieron un show digno del coliseo romano. Si prestan atención al video de Telenoche Segunda Edición (subido a la red por el usuario "waxaby") van a comprobar cómo los granaderos no escatimaron garrotazos, mientras los jugadores de Peñarol aprovechaban para efectuar alguna patada voladora tras otra.
No fue la única pelea protagonizada por equipos uruguayos en la historia del fútbol, pero sí la más curiosa y quizá la más violenta, ya que se produjo justamente con quienes están encargados de mantener el orden. Peñarol volvió rabioso, eliminado y con unas cuantas magulladuras encima, mientras los amantes del buen fútbol hacían el intento infructuoso por olvidar el espectáculo.
Esos son los Orientales Carajo!!
charlesmanuelrod 1 month ago 3
Hay que lindo.. :D
Milicos cagones.. si solo hubieran habido palos para los aurinegros XD
musikdoktor 5 months ago