Cuenta una leyenda charrúa que en tiempos remotos el ñandú (ave austral similar al avestruz) no solo podía volar, sino que incluso realizó un viaje al firmamento y estampó sus huellas al caminar por el cielo, para dejar un mensaje a las generaciones futuras; lo cual le atrajo como castigo el no poder volar más. El ñandú caminó entre las estrellas cumpliendo una orden de los espíritus sabios y con sus huellas creó lo que los astrónomos llaman la Cruz del Sur: la Huella del Ñandú.
La canción fue escrita por el uruguayo Julio Brum y la interpretación corre a cargo del grupo Índigo, de la Escuela de Formación Musical Nueva Cultura, en el concierto del 17 de abril de 2011 en el Teatro La Candelaria.
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