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Maurice de Vlaminck. Los años fauvistas

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Uploaded by on Mar 9, 2009

Maurice de Vlaminck, un instinto fauve. Pinturas de 1900 a 1915 está producida por la Obra Social la Caixa en colaboración con sVo Art, responsable de la gestión del Musée du Luxembourg, que en 2008 presentó una primera versión de esta muestra coincidiendo con el 50 aniversario de la muerte del pintor. La exposición, comisariada por Maïthé Vallès-Bled, incluye ochenta obras, entre pinturas y cerámicas, del periodo más creativo e innovador del artista, que coincide con las dos primeras décadas del siglo XX. A éstas hay que sumar la decena de esculturas de África y Oceanía de la colección de Vlaminck presentes en la muestra y que sugieren la influencia de las culturas primitivas en el arte de vanguardia.

La relación instintiva con el color y la materia, así como su impetuosidad gestual, condujeron a Maurice de Vlaminck (1876-1958) a todos los excesos que permiten calificarlo como uno de los fauves más radicales. Desempeñó un papel determinante en el establecimiento de esta corriente pictórica basada en el uso de colores intensamente vivos.

De espíritu independiente, Vlaminck tuvo una formación autodidacta en el campo de la literatura, la música y la pintura. Fue un hombre ávido de acción y creación, no sólo en el campo pictórico: fue un destacado ciclista, un excelente escritor, un prolífico grabador e incluso realizó sus propios muebles. Ideológicamente, Vlaminck fue un rebelde, un espíritu libertario, inconformista y próximo a las ideas anarquistas del momento.

En 1900 se produce un encuentro fortuito que le hace decantarse hacia la creación artística: conoce a André Derain, sin duda una de sus mayores influencias y compañero de viaje vital, con quién empezó a compartir un taller al pie del puente de Chatou, en el valle del Sena, cerca de París. Un año más tarde conoce la obra de Van Gogh, que le produce un gran impacto, y también por aquel entonces entabla amistad con Matisse y Picasso.

Inicia así una trayectoria que le lleva los años siguientes a ejecutar una pintura de colores casi puros (de ahí el calificativo fauve: salvaje, literalmente fiera). Vlaminck pinta deprisa, lleva los colores a su intensidad máxima y cubre de brochazos sus paisajes, en una constante preocupación por capturar la imagen tal y como él la ha percibido, antes de que desaparezca.

A partir de 1904, la producción de Vlaminck se hizo extraordinariamente abundante. La paleta del artista cobró fuerza con el uso de los colores y la búsqueda de la luz y se entregó a todas las audacias posibles. Su temperamento libertario le llevó a cuestionarse todo conformismo con la herencia postimpresionista, y se liberó de ella de forma intensa y provocativa a partir de la utilización de colores puros, aplicados directamente del tubo, así como de una deformación selectiva del motivo representado.

Vlaminck lleva a cabo su producción al margen de la luz mediterránea, en los paisajes del valle del Sena, en Chatou, Rueil y alrededores. A diferencia del resto de los fauves, que viajaban periódicamente al sur de Francia en busca de su luz, Vlaminck no pudo salir de los alrededores de París dada su precaria situación económica, pero aun así logró las mismas explosiones de color que sus compañeros Matisse y Derain. Uno de los marchantes más importantes de la época, Ambroise Vollard, le compra la mayor parte de su obra en 1906, momento a partir del cual puede empezar a vivir de su pintura.

Más información en http://prensa.lacaixa.es/obrasocial

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