Desdoblamiento en las artes populares del sufrimiento: Dios, Muerte y Calaveras.
Títeres, máscaras, estatuaria, figurillas, pinturas Desdoblamiento. La iconografía popular no distingue entre técnicas, formas y modelos. Todo vale para representarnos poseídos por nuestras angustias y nuestros sufrimientos. El dolor y la muerte, he aquí las constantes de nuestro cruzar las épocas. Abrimos espacios interiores en los templos que se levantan sobre los suelos de las ciudades. Las catedrales góticas, barrocas y neoclásicas son la arquitectura de nuestros delirios que proyectamos al exterior. Necesidad catártica de compartir con los demás lo que se hace insufrible dentro de uno. En la época de las emociones colectivas, las religiones, los templos y las iglesias desdoblaban nuestros mundos interiores para podernos resguardar en ellos. Los artistas levantaron copia de los sufrientes, nosotros mismos. Y allí acudíamos, para vernos reflejados en esos rostros de Cristo, de mártires sufrientes, de muertos en sarcófagos, visiones anticipadas de nuestra propia muerte. Más los deseos de salvación: la libertad, hambre infinita de libertad.
El bucle del desdoblamiento. Revivir lo sufrido. Trampa al tiempo. Doblarlo. Así abrimos el espacio. Iglesias, catedrales, templos paganos Levantamos volúmenes con piedras para que atraviesen los siglos. De este modo la conciencia se articula en los humanos. La inteligencia requiere de dos sujetos: el que mira y el que sabe que mira, el observado y el que se observa. Una dualidad que proyectamos al exterior para actuar así en la realidad: sujeto y objeto. Pero la dualidad está dentro, en nosotros, sólo que nos olvidamos. Cuando ello ocurre, nos convertimos en animales que aún no han alcanzado la autoconsciencia. Caemos en el delirio de pensar que somos los dueños del mundo, que podemos hacer todo sobre el objeto, sobre la realidad. Monoteísmos Funestas épocas pasadas La autoconsciencia exige el desdoblamiento: poner al objeto dentro, saberse dobles. Entonces comprendemos que estamos habitados por dos sujetos, que se intercambian el papel de ser objetos. Politeísmo interior, un Uno paradójico en constante desdoblamiento y multiplicación.
Acudir hoy a los templos sin mirada religiosa es aceptar el desdoblamiento: sabernos dobles y múltiples, y ver cómo en la historia nos hemos visto y representado. Sirve para percibir ese espacio interior que es el de nuestra libertad, dónde deben preservarse las calidades del silencio y de la lentitud, bienes cada día más arduos de conseguir. Ni siquiera las iglesias escapan a los ruidos de la ciudad: obras, taladros, motores, el ajetreo de los turistas, la música lejana de la calle
Ahora lo comprendemos: sólo en los templos interiores hay silencio. Un silencio absoluto desde el que podemos escuchar todos los ruidos de la calle y las músicas del mundo, los ruidos de los planetas, de los cometasuanajuato, México.
Magnífica representación iconográfica. Un motivo más para sentirse español en América. Hispanoamérica con mayúsculas. ¡Bravo!
EMPECINAD 2 years ago