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MAS QUE UNA AMIGA cap 25

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Uploaded by on Dec 7, 2011

—Mira, Demi, acerca de la otra noche...
—¿Qué? —preguntó ella, y se acercó tanto que Joe percibió su perfume.
La suave esencia le llegó hasta la garganta y se la apretó. Estar tan cerca de Demi era arriesgado. Debería haberla llamado. Debería haberse mantenido alejado de ella. Pero tenía que admitir que no había querido hacerlo.
Desde que había visto a Demi la otra noche en el bar, Joe no había podido quitársela de la cabeza. Ni siquiera había podido intentarlo.
—Me sorprendiste —le dijo.
Ella se acercó aún más. Su olor envolvió a Joe, de manera que no podía respirar sin atrapar una parte de ella en su interior.
—Sí, eso ya me lo dijiste.
—Es cierto —respondió Joe.
Se lo había dicho en el aparcamiento, cuando había intentado convencerla a ella, y convencerse a sí mismo de que se había quedado sorprendido por sus habilidades jugando al billar. Joe frunció el ceño, sacudió la cabeza y la miró. Tenía los ojos muy abiertos e increíblemente azules. Un hombre podría perderse en aquellas profundidades. Y él no quería perderse.
—Mira —consiguió decir—, ¿te apetece ir a comer a algún sitio?
Ella arqueó las cejas.
—¿Me estás invitando a comer?
—¿Hay algo malo en ello? —preguntó Joe, mientras se maldecía en silencio. Por Dios, uno no se olvidaba de una mujer invitándola a comer—. ¿No pueden ir a comer juntos dos amigos sin que se arme un lío?
Demi sonrió lentamente, y él sintió un cosquilleo en el estómago.
—¿Y quién está armando un lío?
—Nadie —respondió él, asintiendo como si quisiera convencerse a sí mismo—. No es un lío. Sólo es una comida —añadió, y frunció el ceño—. ¿Te apetece?
—Claro. Voy a decirles a los chicos que me marcho.
Ella salió por la puerta que conectaba la oficina con el taller, y que Dios lo ayudara, Joe la miró mientras se iba.
¡Ay!. Nunca un mono de pantalón corto le había parecido tan bien. No había nada de amistad en la forma en que sus ojos se clavaron en ella, y Joe sabía que se estaba hundiendo en un agujero cada vez más profundo.
El ambiente en el Delilah's Diner era relajado.
Demi se apoyó contra el respaldo de una de las doce mesas redondas que había por el local y se agarró las manos por encima de la mesa de vinilo rojo. Joe no había dicho una palabra desde que habían salido del garaje, y en aquel momento parecía que quería estar en cualquier sitio menos allí.
¿Cómo tenía que tomarse aquello una chica?
Mientras esperaban a que les llevaran lo que habían pedido, ella tomó su vaso de agua, le dio un trago y preguntó:
—¿Vas a seguir callado durante toda la comida?
—¿Eh?
—Has dicho que querías hablar, pero no has abierto la boca desde que hemos salido del taller.
—¿Echas de menos el sonido de mi voz?
Él sonrió, y aquella sonrisa rápida le sacudió algo en el alma a Demi. Entonces, ella volvió a tomar un trago de agua con la esperanza de ahogarlo.
—¿Qué ocurre, Joe?
—Nada, sólo que...
Su camarera eligió aquel momento en particular para llegar con la comida. Deslizó por encima de la mesa la ensalada de Demi y después colocó cuidadosamente la hamburguesa y las patatas fritas de Joe frente a él. Demi miró al cielo con resignación, y después observó, medio divertida, medio irritada, cómo la mujer hacía de todo salvo arrullar a Joe y acariciarle el pecho.
—Gracias —le dijo él, sonriéndola.
—De nada —respondió la pelirroja con un suspiro, sin mirar apenas a Demi—. Si hay algo más que necesitéis —dijo, e hizo una pausa significativa—, cualquier cosa, avisadme. Soy Rebecca.
—Gracias, Rebecca —dijo Demi, y la camarera se sobresaltó al oírla—. Te avisaremos si te necesitamos.
La mujer frunció el ceño al mirarla, y después le lanzó a Joe otra sonrisa antes de alejarse de mala gana.
—Asombroso —dijo Demi, sacudiendo la cabeza.
—¿Qué?
—¿No te has dado cuenta?
Él agarró la hamburguesa y le dio un mordisco. Después se encogió de hombros, masticó y preguntó:
—¿Darme cuenta de qué?
—Increíble. Pero, ¿por qué ibas a darte cuenta? Probablemente, llevas toda la vida provocando reacciones así en las mujeres.
—¿De qué demonios estás hablando?
—¿De la camarera pelirroja? —le dijo Demi—. ¿De ésa que quiere tener un hijo contigo, y hacerlo aquí mismo sobre la mesa?
Él se rió y tomó una patata frita.
—¿No te parece que estás exagerando un poco?
Ella pinchó con el tenedor un poco de ensalada de pollo y pensó en pincharle la mano a Joe sólo por divertirse. No era extraño que nunca le hubiera prestado atención a ella. Tenía mujeres arrastrándose a su alrededor todo el tiempo. Aquel hombre era un imán para las féminas. Cualquier mujer entre los quince y los cincuenta años se volvería a mirarlo.

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