Por aquellos días, era normal que la gente andasemos alboratados y quisiéramos la verdad. Por aquellos días, había una persona, o perro de presa, que buscaba una oportunidad para regocijarse entre su propia hipocresía, y lanzar un ataque, en mitad de un pueblo destrozado por los nervios, y la incertidumbre de lo que estaba pasando por el atentado de unos malnacidos.
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