El colorido de la catedral catolica de San Cristobal se una a la algarabia de los aleluyas evangelicos y ambos se fucionan con la curiosidad de los visitantes, el sol tbio y el aire fresco, las distintas razas y los sin numero de prejuicios abiertamente mostrados y socialmente escondidos. Visite San Cristobal y sea quien sea, vea lo que le de la gana y critique lo que se le antoje, total, sera usted criticado o simplemente ignorado, las dos cosas vendran siendo poco importantes en un marco como el de esta ciudad colonial por excelencia.
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