El FBI quiso distinguir entre las leyes SOPA y PIPA y su operación contra un popular sitio de descargas. Más tardó en enterar a la opinión pública sobre los resultados de su acción, cuando el colectivo Anonymous ya había desclasificado el expediente personal del más alto mando de la Oficina Federal de Investigación, archivos que tan celosamente guarda la tradición de seguridad estadunidense. La red, como las abadías medievales, está que arde.
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