1/2; Iglesia Jesuita La Candelaria; antes de ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

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Uploaded by on Aug 12, 2010

LAS ESTANCIAS JESUITAS; Afortunadamente han perdurado hasta nuestros días las principales estancias jesuitas, que se diseminaron por toda la geografía cordobesa.
Las estancias eran verdaderos centros religiosos, económicos y culturales. Junto al las producciones, agrícolas ganaderas, también se iba desarrollando una intensa tarea de evangelización, en especial de los aborígenes, que trabajaban en estos establecimientos y en su área de influencia.
Tal vez como ningún otro de los conjuntos históricos, el sistema de establecimientos rurales de la Compañía de Jesús, se constituye en un modelador de espacios y de hombres durante el periodo colonial.
Las Estancias Jesuíticas están estrechamente asociadas a las rutas y a los tráficos que, desde fines del siglo XVI, se van dibujando en el territorio de nuestra Provincia. Rutas, tráficos y actividades productivas encadenadas a su vez con otras mas extensas, que ligan Asunción, el Litoral, la Banda Oriental, Cuyo y las jurisdicciones del Norte (Salta y Jujuy) con el centro minero del Potosí y el puerto de El Callao.
Ninguno de los establecimientos jesuíticos puede comprenderse por si mismo. Solo se comprende dentro del sistema de Estancias de la Compañía. De un establecimiento a otro circulan los productos y los hombres. Los primeros, en especial los del rubro ganadero, tienen como destino final sostener los fletes del comercio colonial español; en tanto que los hombres recorren los distintos establecimientos de la Orden como recursos humanos especializados, ya se trate de fleteros de mulas, ovejas o vacunos, o bien de oficiales especialistas en distintos oficios, y en particular de religiosos científicos tales como cronistas, geógrafos, batánicos, cartógrafos, filósofos, teólogos, etc.
Seis fueron las Estancias en definitiva: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643), Candelaria (1678) y San Ignacio (1725). Todas poseían puestos, corrales y potreros para el ganado vacuno, lanar, mular y caballar. Las tareas agrícolas se desarrollaban en las huertas de frutales y hortalizas, y en las chacras para sementeras de trigo y maíz; en los espacios próximos estaban los percheles para la guarda de granos. Los Padres de la Compañía eran hábiles en la captación de la energía hidráulica, por lo que todos los establecimientos poseían sus tajamares y acequias para el riego de los cultivos y para el funcionamiento de molinos y atahonas. Los edificios para obrajes estaban destinados a trabajos de carpintería, herrería, curtiembre y allí se elaboraban también los tejidos de cordellate, bayeta, pañete y estameña. Cada Estancia tenía su jabonería y panadería, hornos para quemar cal y elaborar ladrillos y las famosas tejas musleras. Las construcciones edilicias comprendían una casa para residencia de los Padres y Hermanos estancieros, la iglesia para administrar los Santos Sacramentos a los lugareños y celebrar las festividades litúrgicas y rancherías para los negros esclavos.
El producto de las Estancias estaba destinado al mantenimiento de las obras educacionales, espirituales y misionales de la Compañía de Jesús. De esta manera Jesús Maria, Alta Gracia y La Candelaria sostenían al Colegio Máximo y a la Universidad, los recursos de Santa Catalina sustentaban al Noviciado, Caroya al Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Montserrat y San Ignacio a la obra de los Ejercicios Espirituales.
Las Estancias, manejadas con gran "pericia económica y eficacia" por los Jesuitas, no solo atendían las necesidades de alimento y vestuario de religiosos y estudiantes, sino también la de esclavos y demás servidumbre. Contribuían anualmente con sumas de dinero para el mantenimiento de las misiones y costeaban los traslados de los Padres y Hermanos de un colegio a otro.
Desde 1607, Córdoba fue sede definitiva de la Provincia Jesuítica del Paraguay, Tucumán y Rió de la Plata. Aquí residía el Padre Provincial que gobernaba los colegios y misiones de esta parte del Virreinato. Por lo tanto, fue el centro de las actividades de la Compañía de Jesús desde 1599 hasta 1767, año de la expulsión decretada por el Rey Carlos III.

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