Cuando enciendes la luz en tu habitación, no tienes que empujar a la oscuridad para que salga. La presencia de la luz es suficiente, porque la oscuridad es solo ausencia de la luz. Lo mismo son todas tus locuras e insensateces.
Cuando se llega a un punto de absoluta conciencia, ya no es cuestión de elegir...simplemente, haces cualquier cosa y es buena. Haces cualquier cosa inocentemente.
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