Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso.
La llegada de Antonio Machado a Soria en mayo de 1907 al obtener, mediante oposición, la Cátedra de Lengua Francesa, desencadenó la etapa más creativa del poeta sevillano. En tierras castellanas, encontró la inspiración necesaria para construir su obra poética fundamental.
Tras la pista del poeta, el visitante puede encontrar en Soria, las pautas necesarias para comprender la vida y obra del autor, y darse un paseo por sus rincones preferidos, los lugares de su Campos de Castilla.
"¡Primavera soriana, primavera humilde, como el sueño de un bendito, de un pobre caminante que durmiera de cansancio en un páramo infinito! (...)". A través de sus poemas, legó parte de sus sentimientos por la ciudad de sus amores, su "patria chica".
Durante los cinco años que pasó en Soria (1907-1912), Machado tuvo tiempo de impartir clase, escribir, enamorarse, disfrutar de las tertulias del Casino y de romperse de dolor por la pérdida de su esposa Leonor.
Machado era un perfecto caminante que invertía mucho tiempo en sus paseos por el centro de la ciudad y también junto al río Duero, por la ruta de San Saturio.
Para seguir el recorrido que hacía Machado, el punto de partida se sitúa en la primera de las casas que habitó Machado en 1907, la de El Collado, la calle comercial y peatonal más transitada de Soria, esquina con la calle Instituto. En El Collado se evidencia el espíritu de Soria, una ciudad que conserva el aire de las pequeñas capitales de provincia, pero también una de las más románticas de España.
Meses después se trasladó a otra pensión ubicada a pocos metros, donde se enamoró de la hija de los dueños, una joven menor llamada Leonor Izquierdo. Un par de años después, cuando ella tenía 15 años y él, 34, contrajeron matrimonio.
El recorrido continúa por el instituto en el que impartió clase y que lleva su nombre. Los días lectivos, puede visitarse su claustro y el Aula Antonio Machado, que conserva en perfecto estado pupitres, actas y hojas de evaluación del profesor más ilustre que ha tenido el instituto. Ante ellas es inevitable preguntarse por los afortunados que fueron calificados por el profesor Machado.
Después, el paseo prosigue por la casa en la que Leonor y Machado vivieron a partir de 1908, la plaza Mayor, el Ayuntamiento, el palacio de la Audiencia y su famosa campana, y la iglesia románica de Nuestra Señora de la Mayor, donde la pareja se casó en verano de 1909.
"Si la felicidad es algo posible y real —lo que a veces pienso— yo la identifico mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer", escribió Machado en 1918, ya lejos de Soria, en una carta a su amigo Pedro Chico.
Uno de los rincones favoritos de su Soria "fría y pura" era el Casino, al que Machado acudía para disfrutar de las tertulias y en el que el viajero puede trasladarse a la época del poeta visitando sus salones y contemplando sus cristaleras.
Y después del Casino, es recomendable adentrarse en la Soria monumental, un tesoro de iglesias, palacios, conventos y ermitas. Imprescindible visitar los monumentos nacionales de la Concatedral de San Pedro y la iglesia de San Juan de Rabanera, ambas de origen románico.
Merece la pena perderse por el mercado, los cafés de la Zapatería y las tapas que ofrecen los establecimientos del centro.
y así es la vida nomás:
"golpe a golpe, verso a verso",
como escribió Joan Manuel Serrat.
VIVA LA REPÚBLICA
VIVA LAS G.R.A.P.O.!