Con el olor del fuego del campamento de la noche anterior, con el rumor de las pisadas de la caminata de la mañana, el recuerdo de la sonrisa a quien le doy de beber bajo un Sol de justicia, con la mente a toda marcha pensando en las actividades de los siguientes días, con el recuerdo de las cara...
Yo veía cantar a la FU FA en los brazos de mi padre y ahora muertos los dos me pregunto. ¿Que haré con tantos recuerdos?. Los compartiré con mi hijo. Lo llevaré a ver cantar a la FUFA. Gracias Maestro Enrique, mientras haya un chicharrero vivo habrá Carnaval.
A mis 45 años, esto os escribo, sería diferente si no hubiera sido Scout.