Disfrazado me hallaba entre ellos, dispuesto a conocerme mal para soportarlos mejor a ellos, y diciéndome gustoso: «¡tú, necio, tú no sabes nada de los hombres!»
Se aprende a desconocer a los hombres cuando se vive junto a ellos: demasiada vanidad hay en todos los hombres ¡qué tienen que hacer allí los ojos que ven lejos, que buscan lejanías!
Erosionado cual piedra, por la maldad de muchas gotas, así me hallaba yo entre ellos y me decía además a mí mismo: «¡inocente de su pequeñez es todo lo pequeño!»
Especialmente aquellos que se llaman «los buenos», encontré que eran los gusanos más venenosos y las hienas más voraces de todas: muerden con toda "bondad", devoran con toda inocencia; la mezquindad de los buenos es, en efecto, insondable.
A ocultar mi riqueza, aprendí allá abajo. Ésta fue la mentira de mi bondad, ¡el saber acerca de todos, el saber ver en todos qué cantidad de espíritu bastaba y qué cantidad era demasiada!
Disfrazado me hallaba entre ellos, dispuesto a conocerme mal para soportarlos mejor a ellos, y diciéndome gustoso: «¡tú, necio, tú no sabes nada de los hombres!»
Se aprende a desconocer a los hombres cuando se vive junto a ellos: demasiada van...