No sé nada de música, pero he dedicado millones de horas a gozarla y meditarla, hasta llegar a convertirla en una especie de dimensión de la consciencia, o del pensamiento: la música es, también para mí, una de las tres cosas supremas a las que logra elevarse la mente humana, junto con la filosofía y la poesía -incluyendo en esta todas las demás artes. Supongo que la ciencia es la cuarta de esas cumbres, pero me es ajena. Disfruto equitativamente de la música selecta y de las buenas canciones populares. De la primera, me atraen todas sus épocas, pues en todas hay maravillas, desde la música medieval y renacentista hasta Arvo Pärt y John Tavener, siendo el período clásico el que me gusta menos y el romanticismo tardío el que me gusta más: aunque este se reduce poco menos que a Bruckner -lo que no es poco decir. En canción popular, los occidentales tenemos tres grandes fuentes de belleza: el ámbito anglo-norteamericano, el hispano-americano y el italiano...