Francisco Correa de Arauxo estuvo sin duda en el alma y las manos de Abraham Martínez, ambos apasionadas sevillanos separados por siglos pero inmensamente unidos; y sus singulares armonías quedarán para siempre entre las bóvedas de San Hipólito el Real, revestidas de la sonoridad de oro del marav...
Francisco Correa de Arauxo estuvo sin duda en el alma y las manos de Abraham Martínez, ambos apasionadas sevillanos separados por siglos pero inmensamente unidos; y sus singulares armonías quedarán para siempre entre las bóvedas de San Hipólito el Real, revestidas de la sonoridad de oro del marav...