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-Con permiso- dijo anunciando su llegada.
-Pase, es solo un momento.
La señora estaba sola. Vestía ya de calle y, al verla dudar, la hizo gestos animándola a entrar.
-Pase, no se quede ahí... Quería.. pedirle disculpas- la dijo sin más preámbulos y con total naturalidad.
-¿Cómo dice?
-¡Oh! Vamos, ya sabe a lo que me refiero. No volverá a suceder... y cambiando de tema, mire --la dijo mostrándole un vestido largo de amplia falda. Su voz ahora era fría, desprendida.- Vendrán a recogerlo de la tintorería --prosiguió- Lo quiero para pasado mañana, tal y como me aseguraron por teléfono. (Mora Ankaro)
La cajita detuvo su marcha en el aire y descendió suavemente hasta posarse sobre el suelo.
-Aquí la tienes --dijo la voz rompiendo el silencio y con un cierto tono de inquietud- No... sabía, no podía imaginar... Es la falta de costumbre...
-¿Falta de costumbre? --se burló ella indignada- Registrar mis cosas... y dejarlas así, ¿es por falta de costumbre?
Sin esperar respuesta, se apresuró a coger la cajita y, en cuanto la tuvo entre sus manos, fue a sentarse sobre la cama; eran tantas sus emociones, que no las podía controlar. Miró a su alrededor, consciente de que el dueño de la voz la estaba mirando, aunque lo único que pudo ver fue que la puerta se iba cerrando muy despacio, sin hacer ruido.
-Sé quién eres --le dijo al ser invisible, antes de que se cerrara del todo. (Mora Ankaro)
-¿Buscas esto?
Se dio la vuelta y vio como su cajita, flotando en el aire, se iba hacia el pasillo. (Mora Ankaro)
-Perdón, no sabía que seguía aquí. --Su voz tembló al disculparse al intuir que se estaba poniendo colorada, pero logró mantener el tipo.
El hombre se la quedó mirando dubitativo, y tras unos segundos, se levantó de su asiento.
-Ya me iba, puede recoger.
Ella asintió con la cabeza intentando no mirar a la puñetera silla, pero le fue imposible, porque ésta se movió bordeando la mesa para ir a colocarse en su sitio. El hombre sonrió como el que es testigo de la travesura de un niño, y se retiró aguantando la risa. ¡Se estaban burlando de ella! pensó a punto de estallar, y dominando las ganas que tenía de poner la silla patas arriba, recogió y se fue a la cocina. (Mora Ankaro)
-Es cierto, pero como te decía antes, hay momentos en los que.. en fin.. ya sabes -habló la silla- Pero tengo que reconocer -prosiguió recuperando la risa- Que su presencia en esta casa me ha devuelto la vida. Es divertidísima...
¡Esa voz! Era la que la asustó la noche anterior, la reconoció nada más oirla. En ese momento un campanillazo sonó en su móvil : un mensaje entrante. ¡Maldita costumbre la de llevarlo siempre encima por si llamaba su hermana! Cerró los ojos, apretándolos, deseando que se la tragara la tierra... ¿Lo habrían oído? Tenía que reaccionar... Y reaccionó.
-¿Dígame? -- habló haciendo que se acercaba al salón mientras intentaba ponerse los zapatos. Su voz resonó en sus oídos algo chillona e histérica, pero histérica o no, tenía que conseguir sembrar la duda sobre si estaba o no escuchando. (Mora Ankaro)
-¿De.. sea algo más el señor? --atinó a preguntarle consciente de que si seguía allí de pie estaba a merced de un posible desmayo.
-No, gracias, puede Vd. retirarse.. y buenas noches...
Le pareció que la voz del hombre, aparte de amable, contenía un toque de emoción, y esa percepción la conmovió y la desconcertó al mismo tiempo. (Mora Ankaro)