Nadie debe saber que un trazo surgió de un golpe de azar, por suerte y por temblar. Que tan pronto como un trazo con el pincel sale bien, como por milagro, debe ser protegido de inmediato y cobijado como en un santuario.
Pero nadie debe darse cuenta que el artista es un pobre y tembloroso idiota, un improvisado que vive por el azar y el riesgo, deshonrado como un niño que ha reducido su vida a la patética melancolía de quien vive degradado por la impresión de algo perdido para siempre.
Nadie debe saber que un trazo surgió de un golpe de azar, por suerte y por temblar. Que tan pronto como un trazo con el pincel sale bien, como por milagro, debe ser protegido de inmediato y cobijado como en un santuario.
Pero nadie debe darse cuenta que el artista es un pobre y tembloroso idiota, un improvisado que vive por el azar y el riesgo, deshonrado como un niño que ha reducido su vida a la patética melancolía de quien vive degradado por la impresión de algo perdido para siempre.
castorena 9 months ago