Gabriel y Victoria fueron tocados por el amor y la tragedia. Los padres de uno fueron los padrinos del otro. Así fue como ante Dios se crearon lazos inquebrantables entre esas dos familias que terminaron por romperse ante la traición, la ambición y el pecado. Ni ella ni él saben por qué sus familias terminaron por separarse y se convirtieron en enemigas, tampoco saben por qué son ellos los que llevan a cuestas la culpa de sus padres y menos aún, por qué deben separarse cuando se han amado toda la vida. La duda surge, les invade, les carcome el alma y los pensamientos, pues el corazón de estos dos jóvenes lucha por estar juntos y su único obstáculo parece ser amarse. Porque frente al amor, hasta la propia sangre se convierte en tu peor enemigo.